Hecho Cultural Anacrónico

DORADOS 70

DORADOS 70
Cuenta la historia de un niño que tiene una infancia maravillosa en uno de los barrios más marginales de la ciudad. Aventurero, audaz y curioso llega a conocer personajes que inconscientemente lo irán formando hasta lograr en su adultez lo que más soñó, llegar al mundo.

EL CLUB FERROVIARIO
Un domingo de marzo de 1970 entrando el otoño el niño se levanta feliz como todos los días. Mayor de tres hermanos cree que hay todo un mundo por descubrir. Con sus cuatro años cree saberlo todo, pues sus padres le dieron la libertad desde que nació al entregarles las llaves de la casa.
Saltó de la cama y se calza sus botitas marrones medio ortopédicas porque tenía pies planos. Tenía la cara sucia porque jamás se la lavaba antes de dormir. Su abuela lo esperaba con un tremendo café con leche esos que venían en una taza enorme, blanca, brillante; siempre con tortillas enormes, riquísimas.
Termina. Se levanta y sale corriendo dejando todo abandonado en la mesa. Corría, siempre corría, nunca miraba atrás. Así lo hizo esa mañana, como siempre lo hacía.

-Corrían los años 70 caracterizado por una época de música, ciencia, terrorismo y religión. La explosión de la música disco, las muertes de estrellas como Jimi Hendrix o Elvis Presley, el adiós a The Beatles. Pasando del escándalo del Watergate en los Estados Unidos a las dictaduras de Latinoamérica, o al nacimiento del terrorismo internacional en la parte política. Surgen en el mercado nuevos dispositivos que harán una revolución tecnológica que cambiaría al mundo en las décadas siguientes. Esta lapso fue increíble único e irrepetible. Las religiones se masifican principalmente el Cristianismo y el Islam. Surgen sectas fanatizadas fruto de la psicosis social y del power flower. Todo era revolución en esos días.-

EL HOTEL SÁENZ PEÑA

La familia dirigida por una abuela en una estructura matriarcal era una señero muy trabajadora. De origen humilde que trabajaba desde los 16 años manteniendo a toda su familia de 7 hermanos, la mayoría alcohólicos pero también trabajadores. Delia se llamaba era como la otra mamá del niño puesto que su madre Martha lo había dado a luz con solo 16 años. Eran otros tiempos.
El clan familiar seguía creciendo eran épocas donde la plata fluía por todos lados y así se iban sumando negocios. Dos clubes ferroviarios y un hotel eran fruto de un trabajo incansable de esta abuela rodeada por parientes que eran sus empleados.
Niño era el preferido de su abuela. El más mimado, el nieto más grande. El que recibía todos los cariños y también billetes. Niño era feliz viví comprando toda revista que aparecía en los kioscos de revistas.
La familia vivía en un hotel largo, inmenso, de unos casi 70 metros de largo, casi salía en la otra calle.
Era antiguo, un poco descuidado. No era perfecto pero sus precios eran accesibles a cualquier viajero ocasional que pasaba por su ciudad.

EL MÁLAGA

Este sin dudas es un hito en la vida del niño. Ya ávido en su crecimiento, desenvuelto. Con seis años y un mundo por seguir descubriendo. Esta cerca de todo lo más importante de la ciudad. Al frente a unos metros la Terminal de Ómnibus de Tucumán. Un edificio bellísimo inaugurado hacía pocos años.
A otros escasos metros al sur estaba la Estación de Trenes Gral. Manuel Belgrano.
Era el corazón del El Bajo como todos lo llamaban. Era el lupenaje mismo, un micro mundo habitado por personas de distintas costumbres y hábitos, algunos buenos, otros no tan buenos.
Niño estaba fascinado por este mundo. Trasladarse de una cuadra a otra ya era conocer otro mundo y este sí que lo era.
El Bajo era muy especial, muy diferente a todos los barrios de la ciudad, allí reinaba la astucia y el pillaje para sobrevivir.

EL LICEO

Año 1978. Año mundial del futbol donde Argentina salió campeón por primera vez. Niño cursaba el 7mo. Grado de su escuela llamada Gral. San Martín N° 295 o la perrera como le decían despectivamente porque estaba situada en el lugar más bajo de la ciudad.
Marcelito era un chico muy aplicado siempre vestido a la moda. Sonriente, muy compañero y amigo de todos.
Una mañana, sentado en su mesa que compartía con otros 5 compañeros entraron dos hombres altos, pulcros, sin gesticulaciones, con miradas fijas y seria. Estaban de uniformes verdes, eran oficiales del Ejército Argentino representando al Liceo Militar Gral. Paz de Córdoba.
Saludaron con un seco ¡Buenos Días! Quedaron inertes y miraron toda el aula, uno de ellos sacó un folleto blanco y lo dejó en mis manos y se fueron. Ahí terminó la visita a la escuela de estas personas.

EL COLEGIO MILITAR

Luego de haber estado 5 años interno en esta institución, el liceo. Había que seguir adelante con la carrera militar. Todo el año ’84 se la pasó estudiando las materias que debía rendir.
Llegó diciembre de ese año y Marcelo viajaba por segunda vez en su vida a Buenos Aires, esa ciudad lo fascinaba.
Un sábado a la noche partía en un Chevallier hacia su destino el Colegio Militar de La Nación. Un lugar de donde salieron varios presidentes. Era la elite del país.

LA MÚSICA

Luego de haber pasado casi 7 años en los cuarteles, Marcelo decide que debe terminar esa vida y pide la baja en el Colegio Militar. Regresaba de las vacaciones de invierno en Tucumán con quién fue acompañado de dos cadetes de cursos superiores.
Cada vez que salía franco era insultado en las calles por la gente que odiaba a los militares. Marcelo tenía 19 años y no sabía mucho de lo sucedido en los días de plomo como le llamaron a la Argentina de esos tiempos.
El egoísmo y falta de profesionalismo que él veía entre sus camaradas de armas lo iban desilusionando día a día hasta tomar la decisión Final.

EL CINE

Luego de la crisis del inicio de la década. Marcelo y su familia se refugian en las artes y las letras. Eran tiempos difíciles. En esos días conoce a Eduardo Sahar o el Turco como le decían. Un director de cine documentalista cordobés extraordinario que había sido discípulo de otra joya del cine nacional Jorge Prelorán.

EL TAXI

En el 2008 mientras era publicista trabajando para toda empresa que se le cruzaba, tomando trabajos chicos o grandes. Un día conoce a la propietaria de un empresa de transporte de personas a la que le hacia un trabajo específico en el aeropuerto. Le pide que la acompañe a llevar a un gerente chileno a una mina llamada la Alumbrera. En medio de ese viaje esta se cansa de manejar y tomó Marcelo el volante no bajándose de esta camioneta por dos años.
Ese tiempo era chofer de alta montaña como le llamaban realizando viajes en toda la región. Estos más que viajes eran travesías donde la aventura y el peligro eran moneda corriente.
Hacía circuitos de Tucumán – Alumbrera por las altas montañas, en cualquier época u hora debía llevar gente a las montañas.
Esto no lo tomaba como un trabajo, lo tomaba como algo placentero porque disfrutaba de eso viajes.

LA PINTURA

El 2010 para Marcelo fue un año de gran cambios y toma de decisiones. Deja de manejar por las montañas y retorna a la publicidad. Hacía dibujos y luego los digitalizaba. Era un trabajo sencillo y creativo, sin ataduras horarias. Era nacimiento de las redes sociales.
No se queda atrás y penetra en ese mundo fantástico que te abría las puertas del mundo en un click.

EL ARTISTA

Sin dudas el 2017 es el comienzo en el mundo profesional del arte. Mae en su 7mo. Año de artista plástico se decide a llegar a Buenos Aires con su arte.
Invasión Buenos Aires por Mae rezaba el spot agresivo y decidido que lanza. No le importaba en absoluto las críticas. Estaba muy convencido que su técnica y estilo propio hablarían por sí mismos.
Buenos Aires en el arte es una ciudad muy compleja y llena de oportunistas que habían roto todo los formatos y modos de comercialización.
Se buscaba la realización económica de ciertos curadores, galerías o instituciones y no de la obra del artista. Mae no vio esto como amenaza, al contrario al principio jugó bajo esas reglas y luego se aparta al conseguir su propósito que era llegar a exponer en la ciudad luz.
Por gestión de una amiga virtual muy prestigiosa en el campo del protocolo logra llegar al Teatro Colón con 4 obras surrealistas abstractas y otra más en su prestigioso Centro de Estudios de Recoleta.
Exponer en el Colón en forma permanente fue tocar el cielo y a la vez preguntarse como seguí esta historia.

EL VUELO
“Llega un momento en la vida que el ser humano le deja paso al artista. Este se apodera de esta y la eleva a su mundo o plano existencial. Esta etapa pasa a ser anacrónica, donde todo ya es relativo, en donde el tiempo y la vejez no alteran el orden del propósito final”.

Decía Mae cuando lo conocí. No se arrepentía de nada ni de nadie. Todo, absolutamente todo había contribuido a ser lo que era hoy.

Xiereleison. Argentina


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